¿Qué Terroristas?

jueves, 3 de enero de 2008


En una guerra entre dos mundos, el grande gana, el grande impone. Y el grande es aquél que tiene poder, el que tiene armas, el que tiene fondos, el que no tiene alma. Después de la Guerra de Irak, el presidente de los Estados Unidos no se conformó con derrocar y matar a Sadam, reconstruyó el gobierno iraquí a su antojo y rebosó el país de tropas americanas en busca de disidentes, de rebeldes, de TERRORISTAS. Y con su política del miedo al terrorismo justificó sus actos.

Desde ese momento todo vale, no hay límites, no hay obstáculos, sólo una regla: si es sospechoso, dispara.

Han disfrazado todo lo no ortodoxo, cristiano y capitalista bajo el velo del terrorismo. Han creado un pánico irracional contra todo aquél que no siga al rebaño, contra cualquiera que reivindique sus derechos, ideas o políticas que no concuerden con las de el poder. Han puesto sobre el punto de mira al comunismo, al Islam y al nacionalismo entre otros, convirtiendo en peligro nacional cualquier acto de rebeldía. Han ilegalizado, oprimido y acallado miles de gritos de libertad en el mundo, legitimizando sus crímenes en defensa de la seguridad nacional. Y sobre todo, han engañado al pueblo. Lo han atemorizado, uniéndolo en la lucha contra lo diferente y la defensa del capitalismo conservador.

Una niña de quince años es violada y asesinada junto con toda su familia en Somarra. Un hecho aislado. Aislado de los miles de casos de torturas y crímenes “legítimos” en todo el mundo, en defensa de la conservación de “nuestra” forma de vida. El film “Redacted” (Brian de Palma, 2007) cuenta la historia ficticia de una tropa americana destinada a Somarra. En ella se recibe una visión cruda y angustiosa de la situación iraquí frente a la represión del gobierno americano, que me ha hecho sentir una rabia homicida mas que justificada. Las tropas tienen vía libre para campar a sus anchas, para disparar a cualquiera que pueda parecer sospechoso o para irrumpir en casas ajenas para sembrar el terror. Tienen la libertad de “coger pruebas” allá donde crean conveniente, y de saciar sus apetitos sin ninguna restricción. El propio ejército se ocupa de justificar los crímenes y violaciones injustificables, desmintiéndolos y restándoles credibilidad, o simplemente acusando a las victimas de terroristas. No hay llanto que valga cuando el que empuña el arma es un militar estadounidense y el que yace en el suelo es solo un iraquí. O un palestino. Un afgano o un checo. O un brasileño asesinado por la policía en el metro de Londres. O una vasca torturada y violada por la guardia civil. Todo es legítimo, o todo es mentira. Da igual cuando el fin justifica los medios, y el fin es la paz (mas petróleo, mas dinero) y la igualdad (mas globalización, mas homogeneidad, menos diversidad). Da igual cuando todo el mundo sabe que los terroristas son malos, y son Ellos, y no nosotros. Son los que salen en la tele, a los que se les enseña desde pequeñitos a matar, los que hablan otra lengua, los que cantan y bailan otra música, los que no saben de paz, Ellos son los que están equivocados y hay que corregirlos, Ellos son los que tienen que desaparecer, lo dice la tele. A ellos se les puede matar, porque un gran señor desde su pulcra Casa Blanca nos enseña sus fotos y los señala con el dedo. Porque un gran juez desde la Audiencia Nacional decide que decenas de periodistas deben ir a la cárcel. Si el lo dice, serán culpables. Porque hoy en día la libertad de expresión no vale nada, y preferimos repetir como loritos las editoriales de nuestros periódicos. Porque es más difícil pensar.

No me siento muy lejos de la población civil iraquí. Me siento igual de violada cuando la policía de un país que no acepto me obliga a parar en la carretera, cuando me apuntan con sus armas, cuando detienen a conocidos, cuando deambulan por ahí. Aterrorizando. Creando TERROR. Dudo mucho de que la definición oficial de “terroristas” sea adecuada, de la foto que enseñan al hablar de ellos. Me asusta la ligereza con la que se cataloga a la gente en los medios, lo fácil que se coloca la etiqueta de Asesino. Cuando el que verdaderamente causa terror es el oficial del gobierno, el policía, la Guardia Civil, el presidente o el juez. La mano con guante blanco que azota sin piedad al pueblo es mi visión del terrorista actual, y el velo que ciega los ojos de la gente es su porra, su látigo y su pistola.

Seguiremos permitiendo que se compren armas y no vacunas con nuestros impuestos, y que esas mismas armas se utilicen en nuestra contra. Al abrir los ojos encontraréis que la mano que os ha dado de comer es la que ahora os estrangula.




1 COMENTARIOS. Se agradece.:

Anónimo dijo...

La verdad es que han difundido el miedo y ya no nos fiamos de nadie.